El Arte de la Guerra (Reescrito)

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Introducción:

Sun Tzu fué un general chino que vivió alrededor del siglo V antes de Cristo y a quien se le atribuye un gran legado a través de la colección de ensayos sobre El Arte de la Guerra, el tratado más antiguo que se conoce sobre el tema. A pesar de su antigüedad, los consejos siguen manteniendo vigencia.

El Arte de la Guerra inspiró a Napoleón, Maquiavelo, Mao Tse Tung y muchas más figuras históricas. Este libro de dos quinientos mil años de antigüedad, es uno de los más importantes textos clásicos chinos y no se trata únicamente un libro de práctica militar,  es una obra para comprender las raíces de un conflicto y buscar una solución. “la mejor victoria es vencer sin combatir”, nos dice Sun Tzu, “y ésa es la distinción entre le hombre prudente y el ignorante”.

-Resumen del prólogo de Biblioteca Virtual Universal


Aclaración:

El Arte de la Guerra es un libro increíblemente famoso porque fue escrito hace varios miles de años y sin embargo sus consejos siguen siendo aplicables hoy en día.

Es un libro fascinante pero tras haberlo leído varias veces llegué a la conclusión de que se podrían haber estructurado mejor sus capítulos e incluso haber condensado algunos conceptos que se repiten a lo largo de toda la obra. Por eso es que en esta entrada veréis un resumen de El Arte de la Guerra estructurado de la manera más conveniente posible que encontré para facilitar su lectura. Faltan algunos capítulos y otros puede que hayan sido renombrados, puesto que el propósito de este resumen no era ser 100% fiel a la obra, sino facilitar su lectura y entendimiento sin alterar en ningún momento los puntos o conceptos claves que en ella se tratan.

Si deseáis leer un resumen fiel a la obra podéis acceder a otra de mis entradas del blog: El Arte de la Guerra: El Resumen.

EL ARTE DE LA GUERRA – CONCEPTOS CLAVE

ÍNDICE

I,       Evaluación

II,     Recursos

III,    Espías y Fuego

IV,     Firmeza

V,      Iniciar Acciones

VI,     Cambios

VII,   Ventaja y Desventaja

VIII, Topología y Terreno

IX,    Enfrentamientos

X,      Victoria y Derrota


I, Evaluación

En una guerra es importante tener en cuenta cinco factores:

La disciplina de los hombres, el clima, el terreno, las capacidades de los generales y la organización del tiempo y tropas. Será imprescindible realizar este análisis tanto en tu bando como en el bando enemigo.

Si quieres ser invencible y batallar contra un enemigo vulnerable necesitas conocerte a la perfección a ti, y después conocer al enemigo.

Es imprescindible ser invencible, aunque tu enemigo no sea vulnerable.

Lo que no es bueno es privar tu invencibilidad por hacer que el enemigo sea vulnerable.

Si te conoces a ti mismo pero no al rival, aunque no ganes, tampoco perderás.

Si conoces a tu rival pero no a ti mismo, aunque tengas posibilidad de ganar, también puede darse el caso de que enfrentes la derrota.

Ser invencible es cuestión de defensa, mientras que hacer vulnerable al enemigo es cuestión de ataque.

Necesitarás además ser consciente de mucha información, como los planes del enemigo, las circunstancias del terreno y los puntos fuertes de cada uno de tus soldados, así sabrás asignarles el puesto donde mejor rendirá cada uno, pues un hombre puede ser valiente, fuerte, cauteloso, inteligente… hay muchas opciones para cada tipo de persona.


II, Recursos

Tienes dos tipos de medios con los que llevar a cabo una guerra: El primero son tus recursos, el segundo son los recursos de tu enemigo.

Comenzando por ti, para batallar necesitarás dinero. Esto te proporcionará tres tipos de elementos: armas, provisiones y ayuda ajena.

La ayuda ajena pueden ser por ejemplo guías locales, quienes te ayudarán a conocer el terreno por el que te mueves, y el terreno en el que acabarás batallando. De este modo podrás saber dónde conseguir ventaja, dónde preparar trampas y emboscadas…

Esto es totalmente válido en una guerra, y suele ser el recurso más utilizado: crear trampas y engañar al enemigo.

Engañar al enemigo es sinónimo de brindar información falsa, y la manera principal de hacerlo será con espías y hombres infiltrados, pero de estos individuos hablaremos en el siguiente capítulo.

Los mejores generales no controlan su ejército solo, si no que también tienen influencia en el del enemigo. Entorpecen la comunicación, crean discordia, siembran miedo…

Hacer al enemigo creer información falsa podrá ser crucial, como en los casos en los que estés llevando a cabo un ataque directo, donde tendrás que hacerle creer que tu ejército está lejos y tus hombres son débiles. O por el contrario, hacerle creer que estás a punto de atacar cuando resulta que estás recuperando fuerzas en tu territorio.

De este modo, tu enemigo será el que entre en pánico y gaste energía, pues volviendo a lo mencionado anteriormente: tu enemigo es el mejor recurso para vencer a tu enemigo.

Puedes robarle suministros para alimentar a tus soldados, premiar a tus mejores hombres con posesiones del rival o incluso conseguir que el enemigo se una a tus líneas de combate.

Un general con experiencia no exterminará al enemigo, si no que logrará reclutar a los soldados y los tratará de la misma manera que a sus hombres, sin discriminar ni privarlos de sus privilegios anteriores, para poder contar con ellos entre las tropas de su ejército.


III, Espías y Fuego

III. Espías

La guerra requiere una gran esfuerzo por parte de todos los ciudadanos, civiles y combatientes, y puede durar años, así que en este tiempo tu labor principal será la de recopilar información que beneficie a tus movimientos y a tus hombres. Los espías serán tu principal recurso.

Un espía puede ser:

-Nativo: Ciudadanos de tu país, que llegarán a tierras enemigas a recopilar información.

-Interno: Funcionarios del propio país al que investigas.

-Doble: Espías enemigos que actuarán espiando a su propio país.

-Liquidable: Personas que darán falsos informes a los espías enemigos.

-Flotante: Se encargará de recopilar la información y llevártela.

Dales un trato aceptable, pues sino corres el riesgo de que entreguen información de tu país al ejército enemigo, pero tampoco te fíes de ellos, pues si eres muy indulgente podría empezar a trabajar con el enemigo solo no tener miedo a las represalias que puedas tomar.

III. Fuego

El fuego es imprescindible en cualquier guerra, y existen cinco formas de usarlos.

Contra las personas, contra los suministros, contra los almacenes, contra las armas y contra el equipo.

Es un recurso que puede jugar en tu contra, así que es recomendable emplearlo solo cuando el tiempo sea seco y calmado. Si sabes cómo y cuándo usarlo será un elemento clave para sembrar el caos en las filas de tu enemigo.


IV, Firmeza

La firmeza es la esencia de un ejército. Será necesaria desde la batalla directa hasta para engañar a tu enemigo, pues si tus hombres son fuertes y conscientes de su fuerza podrán hacerse pasar por débiles, si tú conoces todas las maneras de organizar a tus hombres podrás crear desorden artificial…

En resumen, tanto ejército como generales necesitan entrenamiento y disciplina. Sobre todo los generales, quienes necesitan dominar cada aspecto del campo de batalla.

Si un general está entrenado y es sabio, mantendrá a sus hombres contentos y con buena salud, y otorgará a cada uno el trabajo en el que más rinda: ataque, defensa, análisis

Aún así, como ya hemos mencionado, los soldados también necesitarán aprender a trabajar juntos, mantenerse unidos y a ayudarse entre ellos. En combate necesitarás emplear estandartes, tambores y fuego para guiarlos, y si están bien entrenados ellos sabrán actuar en consecuencia.

Para mantener un orden más estricto es importante que recurras también a un sistema justo de recompensas y castigos, sin excederte ni quedarte corto en ningún caso, o tus propios hombres podrían llegar a encararse contigo o a temerte. Los aliados que te temen son tus peores enemigos.

Mantén un sistema justo, y cuídalos como si fueran tus hijos; cada vida es importante, así que habrá casos en los que mantenerlos con vida será más importante incluso que tu reputación. Si eres un buen general sabrás cuándo desobedecer una orden, y serás capaz de hacerlo.

Además de todo esto, también debes preocuparte por tu pueblo, mantenerlo en armonía y tener en cuenta que tu gobernante podría subir los impuestos si tu desperdicias dinero en la guerra.


V, Iniciar Acciones

Una maniobra militar es el resultado del plan y la estrategia considerados óptimos para ganar, y de ella dependen la movilidad y efectividad de las tropas.

Tus órdenes serán las que den paso a las acciones, así que procura no dar nunca una orden confusa, ni te retractes de demasiados planes, o tus soldados quedarán confusos y perderán confianza en ti. Así que cuando vayas a dar una orden ten en cuenta tres leyes fundamentales.

La primera ley a la hora de iniciar una acción es que no debes atacar a un enemigo si no vas a obtener nada que valga la pena. No ataques por atacar, mantén a tus tropas en casa siempre que sea posible.

Las segunda ley es realizar una evaluación y planificación de absolutamente todo.

Una vez conocidos estos factores e iniciada una batalla necesitarás ser consciente de la acción denominada como retirada, pues será fundamental en algunos casos.

Como tercer ley: ataca de manera rápida y precisa, pero sin prisa ni dejarte controlar por tus emociones.

Una vez que vayas a atacar, ten en cuenta que tu enemigo se puede defender principalmente de dos maneras: o aglomerando sus tropas en un mismo punto para conseguir una defensa poderosa, o distribuyendo a sus soldados en distintos puntos para defender un gran territorio. Será tu trabajo mover a tus tropas hasta los puntos sin defensa o poco defendidos, y casi nunca deberás de atacar a tu enemigo donde tiene todas sus tropas, si de da el caso.

Ataca de manera rápida, precisa, y vete; consigas o no tu objetivo. Recuerda que no es bueno que movilices a tus tropas dos veces para la misma acción, ni envíes suministros tres veces a las mismas tropas, pues has de comenzar a robar a tu adversario a partir de la segunda llegada de suministros, y lograr tu objetivo a la primera, cuando el enemigo no está atento.


VI, Cambios

Has evaluado a tu propio ejército, al del enemigo, ya conoces el terreno, estás preparado para batallar y has iniciado acciones para vencer. Acciones bastante meditadas y planificadas con tiempo, pero aún así, no será bueno si te enfocas en llevar a cabo un plan que se está degenerando con el tiempo, por muy bueno que fuera al principio.

Mantén en mente que la guerra son acciones en constante cambio, y que debes saber adaptarte. Si un plan no funciona, cambia. Incluso si tu plan es bueno pero el enemigo está muy bien organizado a veces es conveniente cambiar de estrategia para confundirlos.

Siempre se ha dicho que los cambios son buenos, pero aún así, ten en cuenta que alterar tus planes, estrategias o rutas excesivamente podría volverse en tu contra, pues no solo el enemigo acabará desconcertado, también tus soldados se verán confusos, y podrían pensar que eres un líder que no sabe lo que hace.

Las emociones del enemigo también irán variando en el curso de la contienda, y podrás aprovecharlo. Lo que nunca debes permitir es que tus emociones controlen tu parte racional, o podrías mandar a tus hombres a una derrota inminente.

A veces por no actuar se pierden vidas sin ningún beneficio, y aún así, es mejor que actuar. Un buen líder considera eso también.


VII, Ventaja y Desventaja

Aquellos que no conocen las desventajas de usar un arma tampoco son conscientes de todas sus ventajas.”

Parece obvio que el número de tropas sea importante a la hora de tener ventaja, sin embargo los puntos de mayor relevancia serán conocer el terreno y conocer la situación del enemigo, tanto su ubicación como su estado de ánimo y capacidad de trabajo conjunto.

Conocer y estudiar el terreno, al mismo tiempo, puede ayudarte a localizar a tu enemigo, ya que los animales de la zona huirán desde el mismo punto en caso de que haya tropas pasando por ahí, y humaredas o nubes de polvo te confirmarán más certeramente tu teoría.

Si eres consciente de dónde están las tropas enemigas y también, mediante espías, conoces su estado de ánimo y disposición a luchar, tus posibilidades de ganar aumentarán.

Una vez conocidos estos datos podemos concluir que si tener información sobre tu enemigo es fundamental para obtener ventaja, parece ventajoso también mantenerte sin aportar información, sin forma, de manera que los analistas y generales rivales no sepan por dónde abordar tu ejército.

Después, para seguir obteniendo ventaja, comienza por tus propios hombres, motívalos, consigue que todos tengan en mente el mismo objetivo, de tal manera que casi se les pueda tratar como un único individuo y logra que confíen plenamente en ti, aún cuando tú no les cuentas los peligros ni datos negativos que conoces. Después, prosigue adquiriendo toda la información que te sea posible.

Saber la zona en la que tu enemigo planea atacar será fundamental. Pues esperar descansando a tu enemigo en un terreno alto es siempre una de las mejores ventajas de las que puedes disponer, pues tu enemigo llegaré después, más cansado y hambriento, y tendrá que pelear atacando hacia arriba.

Si crees que incluso en un terreno neutro de ese estilo te costaría ganar, espéralo entre tus muros, pues que tu enemigo enfrente a tus muros y a tus hombres al mismo tiempo es la mayor ventaja que puedes tener.

Como último recurso, acorrala a tus propios hombres, de tal manera que se vean obligados a dar su cien por cien o mueran, y así, aunque estés en desventaja, tus soldados lucharán con una motivación infinitamente mayor a la de los soldados enemigos.

Un buen general aprovechará al máximo las desventajas de su bando, y no perdonará ni un solo error del enemigo.


VIII, Topología y Terreno

Existen principalmente 9 tipos de terreno donde moverse y 6 tipos de terreno donde luchar.

Podrás moverte sobre terrenos:

De comunicación: Usado por todos para desplazarse. Intenta que no lo controle el enemigo.

De intersección: Zona donde se cruzan caminos que llevan a distintos reinos. Intenta formar alguna alianza con alguno de esos reinos.

De dispersión: Muy cerca de tu país. Evita combatir aquí o tus soldados podrían escabullirse con su familia.

Ligeros: Zona del territorio enemigo cerca de tu frontera. Los soldados temerán ser descubiertos y no estarán centrados en su totalidad. Las tropas en estas situaciones se expanden un poco e investigan de manera individual.

Difíciles: Zona del territorio enemigo alejada de tu frontera. Necesitarás buenos suministros. En este punto las tropas se juntas y sus acciones son coordinadas.

Cercados: Estrecho y permitiendo poca maniobrabilidad. Intenta controlarlo tú, y prepara trampas por si se acercan enemigos.

Desfavorables: Montañas, bosques, pantanos, acantilados… Nunca estés aquí mucho tiempo.

De lucha inevitable: Zona que necesitas defender o punto estratégico. Será muy difícil de pelear por él si no te pertenece.

Mortales: Zona donde tu única opción es pelear, bien sea contra personas, animales o condiciones climáticas peligrosas. Lucha. Tus tropas adquirirán buena experiencia.

Y pelearas sobre terrenos:

Fáciles: Donde tú estás en un lugar alto, el sol sale a tus espaldas y la ruta de suministros es adecuada.

Difíciles: Cuando tu enemigo está sobre un terreno Fácil, tu lo tendrás complicado para batallar, así que intenta no iniciar un enfrentamiento si no cuentas con una buena ventaja.

Neutros: Donde nadie tiene ventaja, y tú serás quien tenga que generarla. No es recomendable enfrentar al enemigo cara a cara y limitarse a ver qué pasa, aún cuando tu ejército parece superior, pues siempre podrás recurrir a algún método que te ponga en una posición favorable.

Abierto: Parecido al terreno Neutro, pues en zonas muy amplias, será difícil que un bando saque ventaja del terreno, pues habrá puntos mejor para ti y otros para el enemigo.

Aún así siempre puedes recurrir a algún método que garantice una pequeña ventaja.

Estrecho: Tendrá ventaja el que primero tome posición. Aún así, si ganas el combate, nunca persigas al enemigo si bloquea el desfiladero o callejón.

Accidentado: Tú deberás ocupar los puntos más altos y soleados del terreno, o sino, retirarte.

Una vez conozcas los diferentes tipos de escenario, tendrás que ser consciente dónde te conviene más o menos pelear, y si es factible hacerlo, pues en muchas ocasiones las distancias son largas, y suponen un gran gasto de energía y suministros.

Por ejemplo, intenta evitar recorrer grandes distancias, o zonas como pantanos y desiertos, y nunca mandes a tus hombres moverse en contra de la corriente del agua o el viento, ni acampes en zonas bajas de un río, pues las ventajas del enemigo serían muy destacables.


IX, Enfrentamiento Directo e Indirecto

La mejor manera de enfrentar a un enemigo es mediante enfrentamientos indirectos: sin quitar la vida a los civiles y combatientes enemigos, para después poder contar con ellos como aliados.

Atacar y asediar nunca deben de ser las primeras opciones a tener en cuenta.

El enfrentamiento indirecto es totalmente factible, y consiste en destruir al enemigo desde su interior, interceptando los suministros que reciben desde el exterior, desmotivando a sus tropas, creando conflictos con sus aliados, maniobrando para crear disturbios entre los civiles enemigos y sus líderes…

Tus logros, acciones y engaños serán de gran ayuda, pues tu rival nunca sabrá la fuerza exacta que posees, y si se guía por información falsa y tus buenos logros podrá pensar que tienes el triple o cuádruple de tropas de las que en realidad tienes. Esto te favorecerá mucho.

Si crees que tienes medios para pasar a la acción y por ende puedes atacar directamente, existen dos maneras diferentes de hacerlo: o atacar de frente, o atacar puntos vulnerables de tu enemigo.

Atacar puntos vulnerables significa conocer la ubicación de las tropas enemigas, y si están todas juntas defendiendo un punto importante, atacar con pocas tropas muchas de sus zonas sin defensa, y si tiene las tropas esparcidas defendiendo varios puntos, atacar con muchas tropas una de sus zonas con pocos soldados. Este será tu mejor recurso a la hora de atacar, pues nunca es conveniente atacar de frente, y menos aún si las tropas enemigas presentan un buen orden, te superan enormemente en número o tienen mejor posición.

Si por el contrario prefieres desplegar una operación a gran escala porque estás seguro de poder vencer en un enfrentamiento de frente, lo más conveniente suele ser tratar a tus soldados como pequeños grupos, con el mismo fin.


X, Victoria y Derrota

Antes que nada has de saber que no sólo existen la victoria y la derrota, ya que si no ganas, lo mejor que puedes hacer es no perder, y retirarse.

Si no puedes ser fuerte, y tampoco sabes ser débil, serás derrotado.

Continuando con la victoria: existen dos tipos, que son la causa de que muchos generales sean considerados grandes líderes cuando en realidad no lo son.

La primera es la victoria en una batalla que no puedes perder. Donde aunque no te prepares ni estudies al enemigo, debido a tu fuerza abrumadora, vas a vencer al rival.

La segunda es la victoria en una batalla que no se puede ganar. Donde los verdaderos generales aparecen, y logran conquistar el país enemigo.

Es clave que seas consciente de que un país no se conquista cuando has vencido a su ejército, ni cuando la mitad de la población se ha rendido ante ti, si no cuando la población en su totalidad ha renegado de su antiguo gobernante y están a gusto contigo como dirigente.

La victoria completa se logrará cuando el general al mando de las mejores órdenes, y no se vea influenciado por gobernantes que no conocen El Arte de la Guerra.

Nadie puede predecir al cien por cien una victoria, pero por lo general se puede decir que una campaña de más de tres meses no favorece en nada para alcanzarla. Recuerda: ataques rápidos y precisos, o los gastos de tu reino aumentarán drásticamente.

Para lograr una buena victoria necesitarás que todos los miembros de tu ejército compartan el mismo objetivo, ser consciente de cuándo no debes luchar, cuándo necesitas muchas o pocas tropas y estar preparado para enfrentar a cualquier enemigo.

Una vez hayas ganado una batalla, no acorrales nunca a tu enemigo, pues un animal acorralado que solo puede luchar o morir es lo último que querrías enfrentar.

En caso de que quieras destruir el ejército enemigo, déjale una ruta de escape controlada por ti, y se verán obligados a usarla. Entonces tú podrás acabar con ellos sin poner en peligro a tus hombres.
La victoria no representa ningún peligro, pues se efectúa un ataque cuando estás seguro de ganar, si no, representará un riesgo para todos. Un verdadero general no ataca si sus probabilidades de ganar son del cincuenta por ciento, si no que atacará cuando se aproximen al cien por ciento.


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